viernes, 13 de junio de 2008

La noche


Algo tiene la noche que despierta el apetito intelectual…basta con cerrar los ojos para que aparezcan preguntas, para tener la certeza de las respuestas, para que las palabras se hagan sabias y el pensamiento fluya a través de un hilo tan sutil y a la vez prodigioso, que parecemos perder noción de los sentidos para quedarnos con la iluminación providencial que guían nuestras ideas en una verborrea de sabiduría.
La noche cobija al erudito bajo un manto chispeante de incógnitas por develar… la esfera brillante, redonda, musa del lobo, inspiración del enamorado y aposento del loco es testigo omnisciente de esa metamorfosis en la que todos nos debatimos, entre el sueño y la vigilia, el consciente y el inconsciente.
¿Por qué solo bajo el efecto somnífero de la noche nos atrevemos a pensar libremente? La noche nos regala la paz, nos regala el silencio, y con él el encuentro con uno mismo; la noche es escenario de fantasias y juicios, de inventarios y planes. Las sombras de la noche dan cabida a una conversación interior, solo tú contigo y los pensamientos reprimidos del día, las ideas del inconsciente, la recopilación de imágenes del día... Entonces las ideas comienzan a surgir y el pensamiento cobra vida propia y en un delirante monólogo intrínseco descubrimos lo coherentes de los disparates que dicta la cabeza.
El pensamiento racional y lúcido es realmente atrevido y disparatado. La verdad se esconde tras máscaras, detrás de lo irracional esta la verdadera esencia de lo racional porque la verdad sin su opuesto no sería verdad, porque necesitamos de las falsas verdades para reconocer a la única, la magnífica razón de las cosas.

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