Dejarse arrastrar por la más recóndita inquietud de la inconsciencia.
Miramos al infinito, vacío de la nada, tratando de ver algo que no sabemos que es pero que nos llama. Cerramos los ojos y se dibujan en nuestra cabeza mil fragmentos de la vida, pequeños detalles que aún conservamos, recuerdos que no se van, palabras que no se llegaron a borrar, momentos que persisten en el tiempo junto con los que adivinamos por venir.
Agudizamos el oído a la espera de una palabra que nos oriente, de una voz que nos dicte la receta. Esperamos ansiosos, respiramos profundo y nos concentramos en la llegada de ese anhelado momento. ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a decir? ¿Qué oportunidad aprovechar? ¿Qué riesgo correr? ¿Qué tren tomar?
Y ahí nos encontramos …
-Hola, ¿Cómo estás?-No sé…muy temprano para decir y otro día ya se pasó…
Entonces abrimos los ojos, escuchamos el estruendoso silencio de la nada, percibimos el olor del presente y nos damos cuenta como ese mismo instante, de un chispazo, se convierte en pasado, tan fugaz, tan único.
Que si seguimos esperando por nuestro barco nos quedaremos anclados en la isla del “qué hubiera pasado si…”, a la sombra del “no me atrevo…” recostados sobre las arenas de nuestros sueños sin cumplir, bajo una lluvia de dudas que se precipita sobre nuestros deseos, humedeciéndolos, quitándoles su consistencia, haciéndolos frágiles y cada vez más lejanos.
Es ahí, sólo ahí, cuando comprendemos que ese momento es ahora.
Miramos al infinito, vacío de la nada, tratando de ver algo que no sabemos que es pero que nos llama. Cerramos los ojos y se dibujan en nuestra cabeza mil fragmentos de la vida, pequeños detalles que aún conservamos, recuerdos que no se van, palabras que no se llegaron a borrar, momentos que persisten en el tiempo junto con los que adivinamos por venir.
Agudizamos el oído a la espera de una palabra que nos oriente, de una voz que nos dicte la receta. Esperamos ansiosos, respiramos profundo y nos concentramos en la llegada de ese anhelado momento. ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a decir? ¿Qué oportunidad aprovechar? ¿Qué riesgo correr? ¿Qué tren tomar?
Y ahí nos encontramos …
-Hola, ¿Cómo estás?-No sé…muy temprano para decir y otro día ya se pasó…
Entonces abrimos los ojos, escuchamos el estruendoso silencio de la nada, percibimos el olor del presente y nos damos cuenta como ese mismo instante, de un chispazo, se convierte en pasado, tan fugaz, tan único.
Que si seguimos esperando por nuestro barco nos quedaremos anclados en la isla del “qué hubiera pasado si…”, a la sombra del “no me atrevo…” recostados sobre las arenas de nuestros sueños sin cumplir, bajo una lluvia de dudas que se precipita sobre nuestros deseos, humedeciéndolos, quitándoles su consistencia, haciéndolos frágiles y cada vez más lejanos.
Es ahí, sólo ahí, cuando comprendemos que ese momento es ahora.
1 comentario:
Vane! me encantó!
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